“No hacía nada de provecho. Lo único que hacía era leer.”Pío Baroja, La sensualidad pervertida
El mundo, por unas horas, se había convertido en una gran boca tragándose todo en mitad de una tormenta desatada con el mar en grandes crestas de olas inmensas, rayos, truenos −por el interior del gran pez− hasta que todo hubo terminado. Ni una cicatriz, ningún rastro de humedad. Sólo una pata de palo con unas letras. Y algunos cientos de páginas.







