domingo 1 de noviembre de 2009

"Lo que buscamos ha desaparecido y no debes buscarlo, porque, inhallable, sólo se burla de nosotros".
Hermann Broch, La muerte de Virgilio


No recordaba la fecha exacta pero sí que ocurrió a finales de octubre y en un lugar muy parecido a éste, al atardecer, con el amarillo de las hojas muertas sobre un suelo húmedo de hierba y con el olor del mar presente; pensó "ahora podría suceder lo mismo que entonces", y se sentó en un banco a respirar la melancolía de los árboles desnudos, aprovechando que había cesado la lluvia. Estuvo así hasta que se hizo de noche, hasta que el frío ya era incómodo y le obligaba a tener que marcharse a casa -al hotel en el que se alojaba, casi en la otra punta de la ciudad-; fue a levantarse y sintió la vibración de su teléfono móvil -"quizá sea ésta la señal", se dijo-, y rápidamente se apresuró a sacar el aparato de su bolsillo, a abrir la tapa y a pulsar el botón que hacía iluminarse la pantalla para mostrar cruel, con evidencia casi de insulto, el número habitual de la compañía telefónica, el de las ofertas y promociones incitándole a consumir más de lo que necesitaba. Pero ni rastro de algo ilusionante, de aquello que estúpidamente había estado imaginando. Miró hacia la laguna y consideró el suicidio, un suicidio despesperado de desidia, pero inmediatamente rechazó la idea porque de todas formas no iba a conseguir nada -en todo caso- añadir un último momento ridículo a su vida.

3 comentarios:

Pasaba por aquí dijo...

Quizás no se halle lo que se busca, pero la búsqueda no debe parar. Ese es, a veces, el único motor que nos hace avanzar.

Un placer reencontrarte, Ángel ;-)

Child in time dijo...

A lo mejor no hay que buscar, sino encontrar. Quizás una manera de buscar (o la única manera) es no buscar. En fin, pajas mentales mías. Abracitos.

Ángel Gasóleo dijo...

hey, amigos,

aunque no querramos, siempre buscamos. pese a las burlas de lo perdido.

Creo.

Un abrazo a los dos.